SUSCRÍBASE

El privilegio del hombre blanco ¿y homosexual?

Share with your friends










Enviar

Todos hemos sentido alguna vez cómo quienes somos nos favorece o perjudica. Aquí una explicación de cómo quiénes somos al nacer nos condiciona de por vida.

En una de sus canciones más famosas, “Young, gifted and black”, Nina Simone cantaba:

“Young, gifted and black
We must begin to tell our young
There’s a world waiting for you
This is a quest that’s just begun”.

Algo así como:

“Joven, talentoso y negro
Debemos empezar a decir a nuestros jóvenes
Hay un mundo esperando por ti
Esta es una aventura que acaba de empezar”.

Simone, que durante los 60 y 70 fue una furiosa defensora de los derechos de la comunidad afroamericana, equiparaba así dos atributos premiados por la sociedad –la juventud y el talento– con uno que era desdeñado y cuyo valor debía repararse –ser de raza negra–. Hoy, más de cuatro décadas después, aunque la legislación ha servido para garantizar derechos y acabar con la segregación racial (sin entrar a discutir su efectividad), la misma lógica de exclusión social persiste, aunque el espectro de “condiciones” privilegiadas y castigadas se ha ampliado considerablemente.

Para una de mis primeras entrevistas de trabajo, mi entrevistador decidió adoptar un estilo que –me imagino– había leído en algún libro descrito en su solapa como “más descomplicado, dinámico y cercano al empleado”. Después de una serie de preguntas basadas en situaciones más que hipotéticas –él era el guardián del cielo y yo el alma de un difunto que debía convencerlo de dejarme entrar– mi interlocutor fue aún más allá:

“¿Y tiene novia?”
“No, no tengo novia”, respondí.
“¿Y eso por qué?”
“Porque tengo novio”

Ante semejante revelación, las preguntas giraron al plano que de verdad nos interesaba: el profesional. Empalidecido, me preguntó sobre los programas que sabía manejar, qué conocimiento tenía de internet, de la industria y de la empresa. Al final, me dieron el trabajo. Años después, cuando dejé el puesto, supe que la percepción del gerente fue que yo debía estar muy seguro de mis capacidades para haberle contado el detalle de mi orientación sexual en una entrevista de trabajo. Desde donde yo lo veía, él preguntó y yo respondí. Punto.

Estoy seguro de que esta fue una situación excepcional, en la que también jugó a mi favor mi formación académica y la naturaleza creativa del trabajo que iba a desempeñar, porque se asume que todos los gays son creativos, ¿no?. En contraste, conozco decenas de médicos, abogados e ingenieros que deben mantenerse en el clóset para mantener sus puestos. Incluso, algunos colegas comunicadores que viven en ciudades más pequeñas y trabajan en el ámbito organizacional en empresas bastante más cerradas.

Para ilustrar la situación de las personas LGBT en el ámbito laboral, un estudio del año 2015 de los investigadores Alexander Pérez, Guillermo Correa y Wilson Castañeda, de la Corporación Caribe Afirmativo y la Escuela Nacional Sindical, reseñado en El Universal, reveló que “más del 75% de las personas entrevistadas reconocen el uso de un lenguaje hostil y humillante en los lugares de trabajo, cerca del 50% manifiesta que las han despedido por su orientación sexual, y ese mismo porcentaje ha percibido la imposibilidad de ascenso laboral por ser gay, lesbiana o transgénero”.

El equipo del portal web Buzzfeed realizó la actividad The privilege walk, diseñada para ayudar a la gente a entender los efectos de los privilegios sociales. Funciona leyendo una lista de 35 ventajas o desventajas a un grupo de diez personas, que están de pie distribuidas en un punto de partida similar a lo largo de una línea recta. Si éstas sienten asociación con una situación positiva que se lee en voz alta, deben tomar un paso adelante, o si se sienten identificados con una negativa, deben dar un paso atrás. Al final, cada uno de los participantes queda en una posición delantera, en el medio o relegado al fondo.

Al final de la actividad, el grupo queda encabezado por un chico rubio y heterosexual. Al fondo, una chica afro y lesbiana. Otro participante que había anticipado que el hecho de ser un hombre blanco lo ayudaría a estar algo al frente, pero que por ser gay, probablemente debería tomar unos pasos atrás, tuvo razón al final.

Todas las dimensiones de nuestro ser –muchas de estas que no escogimos– parecen ser elementos predeterminantes para el éxito o el fracaso. Lo que somos nos condiciona a tener cierto tipo de vida. Por fortuna, nuestra generación está a tiempo para deshacerse de esas trabas que se nos han impuesto por el peso de la historia, por el equipaje colonial que arrastramos desde hace más años de los que pueden contar nuestros abuelos y bisabuelos. Y aunque no nos hacen falta motivos para cambiar las cosas, las palabras de los participantes del experimento que quedaron adelante nos explica muy bien por qué debemos ser motores del cambio:

“Fue algo frustrante mirar atrás y ver qué tan atrás algunas personas estaban de mí, y percatarme de que muchas de estas cosas no pueden ser reparadas ni por trabajo duro ni incluso por legislación”, decía el chico gay que quedó en la mitad. O, poniéndolo aún de manera más simple: “Sólo mirar atrás y ver a un montón de gente detrás de ti no es un buen sentimiento”, como lo expuso el joven más aventajado.

¿Qué pasa, entonces, cuando en realidad una persona tiene tantas dimensiones? En una sociedad que basa sus valores en prejuicios sobre raza, origen, género, estrato social, orientación sexual, intereses, gustos y hasta credo, ¿podemos reconocer cómo privilegiamos o castigamos condiciones que en su mayoría no son escogidas por nadie? Ad portas del posconflicto, la pregunta que nos queda es si en Colombia podremos superar nuestras mezquindades y tener una visión de futuro compartido entre todos.

Share with your friends










Enviar


    Artículos Relacionados

    Sobre los roles de género y la homofobia
    Homofobia: conocer al enemigo para derrotarlo
    Los manuales de convivencia y la desinformación
    Los mitos del proceso de paz

    Comentar