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Si estás regluda pierdes. Y si estás menopáusica, también

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Resulta que ambas situaciones son “insultos”. ¿Hay forma de ganar como mujeres? ¿Y hay forma de estar legítimamente molestas? 

Hay violencia en el lenguaje. Y no hablamos de las groserías que oímos en la calle entre los conductores, o el maltrato que recibe un mesero o taxista, o cualquier persona, a diario. Falta con salir a la calle para estar expuesto a ser víctima de la violencia, pues un piropo puede llegar a serlo. También lo es un estereotipo. La simple suposición de que cualquier mujer es “X” o “Y” la convierte en víctima.

Esta victimización se manifiesta a diario, cuando, entre otras cosas, las mujeres enfrentamos una serie de mitos y estereotipos. En las peleas de pareja es usual oír al hombre decir “qué mamera, ya estás regluda y cansona” y así sustenta su indiferencia frente a los argumentos de ella. O cuando la esposa se comienza a sentir menos valiosa apenas comienza a sufrir los calores de la menopausia y a ganar peso por cuenta del cambio hormonal, y para rematar el esposo amenaza con cambiarla “por una de veinte”. O cuando creemos que si una pareja no puede concebir es porque la mujer es infértil, pero no solemos mirar al hombre. Cuando el valor de una mujer está atado a su reproducción.

La victimización de la que hablamos sucedió cuando éramos débiles. Así como el dicho de “la historia la escriben los vencedores”. Pero como ya como no somos débiles –o no tanto– debemos combatir los mitos para así tratar de avanzar un poco.

Mito # 1: Las mujeres somos emocionales y por eso no podemos actuar racionalmente. Nunca.

Una de las partes que más nos llamó la atención de la entrevista que le hizo hace poco Lena Dunham a Gloria Steinem fue en la que la segunda dice que está bien si las mujeres lloran en la oficina. Y citó el caso de una amiga de ella, jefe de varios hombres, que no podía evitar llorar cuando se enfurecía, entonces les decía a sus subalternos: “estoy llorando porque estoy brava. Podrían pensar que estoy triste, pero no lo estoy. Esta es la forma como muestro mi enfado”. Y así, nos motivó a todas para no temerle a nuestros ataques de furia en sitios públicos.

Pero no hay nada más incómodo que entrar al baño de la oficina a cepillarse los dientes después de almuerzo y encontrar a alguien llorando. O peor, si está llorando en el escritorio de al lado y uno necesita trabajar.

El caso es que mujeres y hombres hemos aprendido a reprimir nuestras emociones. Y en un mundo que todavía parece poblado por vaqueros, creemos que el llanto es muestra de debilidad. Lo que Steinem dice es que el patriarcado el que nos ha hecho temerle a nuestro propio llanto. Y a nuestras propias emociones, como la furia, el descontento, la incomodidad, la rabia, que históricamente han sido vinculadas con nuestras hormonas femeninas, como esa feminidad irascible que nos vuelve tanto o más irracionales que una mamá gorila recién parida.

Investigadores de las universidades de Arizona y de Illinois se unieron para tratar de demostrar qué tan arraigado está el estereotipo según el cual las mujeres somos percibidas como demasiado emocionales y menos competentes y racionales que los hombres. Después analizar los comportamientos de las personas que hicieron parte del experimento, los investigadores concluyeron lo que ya se sabía: que la ira en las mujeres juega en su contra y las hace menos convincentes y relevantes en una discusión, mientras que la ira en los hombres era percibida como una “poderosa” herramienta de persuasión, según reportó el Huffington Post.

Mito #2: Y si mostramos enojo, es porque estamos regludas

Según el imaginario popular, las hormonas nos hacen seres irracionales e hipersensibles, por lo tanto débiles, mientras que en los hombres, un carácter férreo y furioso es sinónimo de fortaleza. Pues no.

Es cierto que las mujeres tenemos cambios de humor que están atados a los cambios en la producción hormonal, pues, como trabajamos por ciclos, tenemos picos y valles en la producción de hormonas y estos afectan el área que modula las emociones. Es por esta razón que hay días en los que estamos más sensibles y somos más proclives a la tristeza o la irritabilidad. Ergo, en “esos días”, supuestamente nadie nos puede hablar porque “estamos regludas”.

Sin embargo, no es una situación que se aplique al 100% de las mujeres, como lo demuestran estudios como el de la Universidad de Otago, que reveló que tan solo es 15% de las mujeres estudiadas para el caso padecían cambios de humor drásticos en los días anteriores a su menstruación y durante ésta.  E incluso hay estudios que han demostrado que los síntomas premenstruales en las mujeres varían dependiendo de su país de origen, lo cual indicaría que estar “regludas” no sería una cuestión inherente y transversal a nuestros cuerpos, sino una cuestión también cultural. Y otro factor por el que no pueden meternos a todas las mujeres en esa misma bolsa de “locas irracionales regludas” es que los anticonceptivos también disminuyen o anulan la producción hormonal que causa los cambios de humor.

Incluso debemos tener en cuenta que los hombres no están por fuera de esta realidad pues ellos también sufren cambios hormonales que afectan sus emociones, más concretamente en la producción de testosterona. Lo que sucede es que en ellos la producción hormonal no es cíclica como la nuestra, por lo que un hombre en un mes puede llegar a tener el mismo número de cambios de humor causados por las hormonas, pero de manera desorganizada. Pero, en esos días, los hombres serán percibidos como asertivos, coherentes, vehementes, y toda serie de cosas buenas. Y nosotras… locas viscerales e irascibles que merecemos una camisa de fuerza cada 28 días.

Mito #3: La infertilidad es culpa nuestra

En tiempos pasados una mujer que no podía concebir era considerada como una mujer inservible. En la historia de las monarquías, las reinas infértiles eran rechazadas e incluso ejecutadas por ser incapaces de cumplir con su designio de producir hijos varones para continuar con los legados reales. En otros tiempos no tan lejanos, la infertilidad de las mujeres era mantenida en secreto para evitar el repudio, pues no era sólo una mujer inútil sino una mala esposa y en algunos países del mundo el hombre estaba en su derecho de divorciarse de ella. Por lo tanto, muchas veces se fingían embarazos que se resolvían con “bebés comprados” a mujeres solteras o con condiciones económicas precarias, como lo hace la hija mayor de Teresa Aldecoa en “Gran Hotel”. Y aún hoy, muchos hombres creen que tienen el derecho de abandonar a su mujer si ésta es incapaz de darle hijos.

Tristemente, y a pesar de que las cosas han cambiado mucho desde los tiempos de Enrique VIII, se sigue pensando que la esterilidad es culpa de la mujer cuando en realidad es un tema de pareja, pues hay un 50% de posibilidades de que la esterilidad venga de la mujer y un 50% de que venga del hombre. Sin embargo, como el mito prevalece, muchas mujeres son sometidas a exámenes supremamente dolorosos y costosos para identificar sus problemas de infertilidad pues se da por hecho que el problema proviene de ellas. Además porque son ellas las que buscan ayuda médica antes que los hombres, cuando con un simple espermograma en un hombre se pueden descartar casi todas las posibilidades de infertilidad.

Y no es un exceso recordar que la infertilidad es un problema médico, no social; y que la capacidad de reproducirse no hace a una mujer menos o más… nada.

Mito #4: La menopausia es lo peor que le puede pasar a una mujer

Nos han vendido esta idea por cuenta de los cambios de humor constantes, los ataques de calor, los calores nocturnos, la probabilidad de sufrir trastornos depresivos y la transformación del cuerpo. Con todas estas condiciones, ser una mujer menopáusica pareciera aún peor que ser una mujer regluda. Es que la menopausia ha sido tan demonizada que incluso el término se ha empezado a reemplazar por uno un poco más amigable: “climaterio”.

Con la menopausia la mujer pierde su capacidad reproductiva y entra en una etapa que los psiquiatras llaman “el síndrome del nido vacío”. Para las mujeres que son madres, es el momento en que sus hijos se van de la casa -si no es que tienen un Bom Bril eterno- así que su rol de “cuidadoras” se prueba innecesario. Entonces, para la mayoría de las mujeres que hoy en día tienen más de 50 años, la menopausia llega como una jubilación sin merecidas clases de pintura, y sin dinero.

Pero sabemos que esta demonización a la mujer menopáusica es una contradicción. Si trabajan, las mujeres a esta edad son más productivas laboralmente y suelen ser muy intensas en el trabajo porque ya son dueñas de su tiempo. Y si no, el hecho de tener tiempo para ellas hace que incluso descubran talentos que ni sabían que tenían. Como el caso de “Grandma Moses” quien después de toda una vida como ama de casa, a los 78 años empezó a pintar y rápidamente se convirtió en una reconocida artista folclórica que logró vender sus obras por más de un millón de dólares.

***

Y hay otros mitos: es que si le pego es porque la quiero mamita; la infidelidad de las mujeres es peor porque ellas son las que pueden ‘chutarle’ un hijo al esposo; nadie queda embarazada en su primera vez; la violencia doméstica ocurre en los estratos bajos; todas las mujeres nacen para ser madres; y todas las mujeres buscamos lo mismo. Pero pensamos dejarlos para una próxima entrega de nuestro listado de las 21 cosas que no entendemos y esperamos que en un futuro inmediato los señores neandertales piensen dos veces antes de decirle a su compañera de trabajo que está regluda porque se no le gustó el piropo.

[Artículo patrocinado por Profamilia. Publicado originalmente en www.susanayelvira.com el 22 de octubre de 2015]

 

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    7 Respuestas

    1. Erika Mejía

      El mundo aún se rige por hombres y esta es la mas clara demostración pero hay que mencionar que ellos son mas regludos y menopausicos y que decirselo a ellos es mas dramatico porque son mil veses mas sentimentales

    2. Ferenc

      Qué vaina: todos por igual somos (no ‘estamos’) “veintiochudos”, porque este puerco mundo está cargado de violencia, no sólo de género. Las hormonas hacen lo que se les viene en gana pero somos todos quienes asumimos qué hacer por cuenta de ellas, y da lástima echarles la culpa de nuestros comportamientos. Triste que se haya perpetúado hasta nuestros días.
      Saludos,

    3. Laura M.

      Queremos que nos dejen estar furiosas porque queremos estar furiosas y porque tenemos razones para estarlo! Si la fila de trasmilenio nos pone histericas no es porque estemos regludas sino porque es insoportable montar en trasmilenio, o no?

    4. Natalia

      Es verdad, la violencia de recibe cuando nos llaman esas cosas.. Odio que me digan regluds porque me dan rabia cosas, hay que cambiar cosas.

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