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La educación sexual y la tolerancia van de la mano

Emmanuelle Schick Garcia
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La pelea en contra de la educación sexual en los colegios tiene más de política y religión, que de… educación. Esta batalla ignora la evidencia que demuestra que una educación sexual pertinente y de calidad en los colegios reduciría el embarazo adolescente, las violaciones e, incluso, la homofobia.

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Cuando le pregunté al concejal Marco Fidel Ramírez sobre su educación sexual, admitió que esta había sido “pobre”. Cuando le pregunté cómo su madre había abordado el tema, ya que ella tampoco había tenido una educación sexual formal, él confesó que de ninguna forma.

A pesar de su falta de educación sexual formal, el señor Ramírez es muy categórico frente al sexo. En Twitter insta a sus seguidores a permanecer vírgenes hasta el matrimonio, a no masturbarse, a no ser homosexuales; y señala que la forma moralmente correcta de vivir es a través del matrimonio monógamo y heterosexual.

No hay artículos ni investigaciones en publicaciones indexadas que apoyen las pretensiones del señor Ramírez. Él mismo no está en condiciones de producir alguna por su falta de experiencia en el área. Pero él es un político, por lo tanto, tiene una plataforma y una audiencia. Así que escuché sus respuestas y trate de entender por qué este hombre quiere que todos vivamos como él. ¿Por qué se considera capacitado para dar recomendaciones no solicitadas y no fundamentadas?

Una trayectoria mediocre en educación sexual

La realidad es que la educación sexual no ha progresado considerablemente desde los días en los que Ramírez fue al colegio. Colombia tiene un trayectoria mediocre en la enseñanza de educación sexual, dejando a los estudiantes sin los insumos necesarios para tomar decisiones informadas. Así, el país continúa luchando con una alta tasa de embarazo adolescente, y la presión por parte de las directivas escolares para que las estudiantes embarazadas abandonen las escuelas, a diferencia de los jóvenes que las dejan embarazadas.

Visité dos escuelas en Bogotá para hablar con sus directores. Aunque admitieron que los sistemas reproductivos fueron explicados, otros temas relacionados con el sexo y la sexualidad fueron abordados vagamente, o completamente ignorados. La lista sobre la información de los temas ignorados fue larga. A los estudiantes no se les enseñó cómo informar y reaccionar ante una violación; qué significan términos como homosexualidad, transexualidad y sexualidad; por qué el acoso a alguien por cuenta de su orientación o identidad de género está mal; cómo usar correctamente el condón; alternativas para la anticoncepción (fuera de la abstinencia); cómo hacer frente a los delitos sexuales y de incesto; cómo definir y abordar el acoso sexual y el consentimiento sexual; la masturbación; y una serie de otros temas, como la pornografía, el uso apropiado de la Internet, etc.

Mientras que el destituido procurador General de la Nación, Alejandro Ordóñez Maldonado, cree que la educación sexual hace que los niños y adolescentes sean sexualmente activos, todas las investigaciones acreditadas muestran que esto es falso. De hecho, Dinamarca, considerado uno de los países con mejores programas de educación sexual del mundo (e incluso está lejos de ser perfecto), destina una semana al año para discutir el tema. El nivel y tipo de las lecciones se basa en la edad de los estudiantes, y estas son apoyadas por la mayoría de los padres. Como resultado, Dinamarca, a diferencia de Colombia, tiene una de las tasas de embarazo adolescente más bajas del mundo. También tiene los índices más bajos de violación de adolescentes y de homofobia. Además la edad de la primera relación sexual es más elevada que la de Colombia. Los daneses también reportan tener primeras experiencias sexuales más positivas que los estadounidenses, los franceses, o los colombianos. Esto implica que no se sintieron presionados a tener su primera relación sexual, se sintieron respetados, usaron algún método anticonceptivo y no estuvieron intoxicados al momento que esta sucedió.

¿Entonces por qué el sexo recibe tan poco respeto, consideración e importancia? ¿Cuándo vamos a dejar de tenerle tanto miedo? Hasta el momento, parece que haber ignorado, evitado y restringido la educación sexual formal no ha contribuido a que niños y adolescentes estén más seguros, o que se despojen de la vergüenza que infecta al tema.

Cuando mi tía tuvo su periodo por primera vez, entró en pánico y buscó el consejo de su madre. Era 1960 y mi tía era totalmente ignorante acerca de la menstruación. No había educación sexual en la escuela y aún menos en casa. De hecho, el tema era considerado tan tabú, que era una vergüenza incluso aludir a ella. Mi abuela, católica española, respondió a las preguntas de mi tía sobre su cuerpo cambiante con una bofetada. “No me hables de esas cochinadas”, advirtió mi abuela.

Adoraba a mi abuela. Ella era una buena persona. Su reacción ante la angustia de mi tía era un reflejo de su educación, o la falta de esta. Por desgracia, la menstruación de mi tía había obligado a mi abuela a hacer frente a un tema que temía: el sexo. Los sacerdotes le habían dicho que el cuerpo era sucio, que el sexo era sucio, que el tener cualquier tipo de deseo no era apropiado para una mujer (a menos que fuera con su marido), y que el deseo la hacía una puta. La reacción de mi abuela no era una respuesta educada racional, sino un reflejo de su educación católica en España en 1940.

Mi abuela creció en la pobreza y se vio obligada a abandonar la escuela a los catorce para ser una niñera y empleada doméstica. Ella vivió bajo la dictadura de Franco, donde los bikinis en la playa y los besos en público estaban prohibidos. Mi abuela creía en la modestia. Ella creía que las niñas debían ayudar en el hogar, mientras que los niños eran libres de perseguir sus sueños. Ella creía que las jóvenes buenas no tenían curiosidad sobre el sexo sino hasta el matrimonio. Ella creía que las niñas no debían practicar deportes, pues eran el dominio de los hombres. Después de su quinto hijo, su idea de la anticoncepción consistía en dormir en una habitación y una cama diferente a la de mi abuelo. No pudo haber sido fácil para mi abuela, o, en este caso, para mi madre.

Pero por suerte para mí, la educación que mi mamá consiguió por su cuenta, y su espíritu independiente, la llevaron a separarse de las ideas y supersticiones sofocantes y sin fundamento de mi abuela. Si no hubiera sido por el valor de mi madre para enfrentar y desafiar los prejuicios de mi abuela, yo nunca habría obtenido una educación universitaria, nunca habría representado a España en las competiciones de natación internacionales, ni hubiera conseguido libertad sobre mi propio cuerpo.

Como los tiempos cambian, mi abuela fue cambiando lentamente con ellos. Incluso me animó a conseguir tres títulos de natación junior a nivel nacional en España, algo que nunca hizo durante la carrera atlética de mi madre. Ella llegó a entender que con el tiempo aprendemos más de lo que sabíamos antes.

¿Porqué se condena la educación sexual?

La historia del sexo sería un componente importante para añadir en el plan de estudios sobre educación sexual, ya que nos ayudaría a entender dónde y cómo se originaron nuestros juicios y supersticiones sobre el sexo. Y, más importante aún, cómo estos han influido en las creencias actuales.

La sexualidad animal que se enseña en Biología a menudo se comunica como algo natural y positivo, mientras que la sexualidad humana es vista como algo pecaminoso y desagradable. En una encuesta internacional se descubrió que los padres trasmitían una cantidad de información errónea a sus hijos con el fin de protegerlos de la educación sexual. Los padres les dijeron a los hijos que fueron hechos por Dios o Santa Claus; que cayeron del cielo; que fueron encontrados debajo de un arbusto de uchuva; pescados en un río, o expulsados a través de las heces.

Pero, ¿por qué la educación sexual genera emociones tan fuertes? ¿Por qué los padres no se preocupan de la misma manera por la Física, por ejemplo, que ha ayudado a crear bombas nucleares?

En 1933 los nazis prohibieron la educación sexual rotulándola como el trabajo de “marxistas e individualistas burgueses”. El libro de texto utilizado en el momento, escrito por Lutz DH Saverteis, les pedía a los estudiantes evitar “toda actividad sexual fuera del matrimonio, incluyendo la masturbación y la homosexualidad”. En la Italia fascista la educación sexual era considerada es un complot comunista “que [socavaba] la virilidad de la patria”. Y en las escuelas de Unión Soviética se les enseñaba a los niños que la masturbación era una “actividad egoísta y contrarrevolucionaria”, y que podría dar lugar a “un aumento patológico en el egocentrismo que producía solitarios tímidos”.

Mientras tanto, los críticos en China consideran la educación sexual “sólo otro intento de imitar a los occidentales”, mientras que los críticos indios le llamaron un “ataque occidental sobre los valores culturales de la India”. ¿Es un valor cultural no enseñar a los adolescentes sobre la violación y el consentimiento? ¿Es un valor cultural hacer a los niños vulnerables a enfermedades de transmisión sexual porque no saben que existen condones o cómo pueden conseguirlos?

Como Jonathan Zimmerman relata en su libro ‘Too Hot to Handle’ (‘Demasiado caliente para manejar’), en 1933 una organización de padres en México señaló a la educación sexual como un “complot comunista para destruir la estabilidad social”. Tres chicos fueron detenidos luego de entrar a un teatro a gritar que la educación sexual estaba “corrompiendo a sus compañeras de clase”. La detención provocó una huelga escolar, y luego los padres denunciaron los efectos negativos de la educación sexual en sus hijos, a pesar de que el plan de estudios no se había implementado. A un así, los periódicos publicaron historias ficticias sobre estudiantes a los que se les pedía desnudarse, prostitutas contratadas para dar clases y maestros que seducían a estudiantes. Un gobernador mexicano, cabalgando sobre la ola de histeria, anunció que el hombre responsable de la introducción de la educación sexual en México debía llamar a sus hijos Lucifer, Satanás y Lenin.

El pánico llegó a América del Norte, donde un sacerdote de Nueva York condujo una oración de seis días por la “persecución de los católicos” y exigió el “fin de la educación sexual en México”. Hubo una protesta de 30.000 personas. Un cardenal de Filadelfia pasó a añadir que la educación sexual era una forma de “apagar la religión”. En el sur de Europa y América Latina fue la Iglesia Católica la que estuvo al frente de la oposición a la educación sexual en las escuelas.

Lo que tuvo lugar en México en la década de 1930 es inquietantemente similar a lo que se está pasando en Colombia en 2016. A medida que el gobierno de Colombia intenta abordar la discriminación contra los estudiantes LGBT, se ha encontrado con políticos oportunistas y manipulación deshonesta. ¿Cómo enseñarle a los niños que algunos compañeros de clase tienen dos madres puede transformarse en una protesta para defender a las familias heterosexuales? ¿Cómo enseñar a los estudiantes que algunas personas son homosexuales, y que su orientación sexual no puede ser una razón para tratarlos de forma inhumana, puede llegar a afectar la moral de su hijo?

La ignorancia, la Biblia y la moral

En Bogotá grabé más de 50 entrevistas con diferentes ciudadanos, en diferentes barrios, para averiguar lo que sabían acerca de la homosexualidad. La respuesta muy triste y sorprendente fue que el 95% no sabía nada. En realidad, ese 95% tenía ridículas teorías sobre la homosexualidad. Un hombre incluso afirmó que la homosexualidad comenzó en la década del 60. También oí que la homosexualidad es fruto de una violación; que vuelve a las personas adictas a las drogas, al sexo o pervertidas; que conduce a la prostitución; que es el resultado de un padre ausente o una madre agobiante; que demuestra debilidad moral porque el homosexual es incapaz o no tiene la voluntad de considerar un estilo de vida heterosexual, y que la homosexualidad es una decisión pecaminosa.

Ninguna, y me refiero a NINGUNA, de estas teorías son ciertas. Ninguna ha sido apoyada por alguna investigación seria, ni avalada por la Academia. Pero siguen siendo utilizadas por líderes políticos y religiosos irresponsables y homófobos. Demonizar a los homosexuales ha sido siempre una estrategia política beneficiosa que brinda refuerzo moral. Pero, al final, estas teorías ridículas dicen más sobre los homófobos, que sobre los homosexuales.

Hoy en día pocos estudiantes reciben una educación sexual adecuada. En Francia en 2002 los estudiantes recibieron un promedio de dos horas de instrucción en educación sexual por año. En 2001 los estudiantes de Hong Kong también recibieron dos horas por año. En Estados Unidos seis horas y media de cada año fueron dedicadas al tema, y en el Reino Unido la mitad de las escuelas no recibieron instrucción alguna.

El resultado de esta falta de información es clara. En Nepal, el 80% de las niñas no sabía que una persona de aspecto saludable puede ser VIH positivo. El ochenta por ciento de las mujeres indias que en busca de abortos no sabía que su embarazo había sido causado por una relación sexual. El sesenta por ciento de las niñas chinas pensaba el VIH puede transmitirse a través de besos. El sesenta por ciento de los adolescentes coreanos pensaba que orinar después de tener sexo los protegía de enfermedades de transmisión sexual. Estudiantes polacos creían que la masturbación causaba enfermedades físicas y mentales, y que el vinagre se podría usar como anticonceptivo. Y en Letonia, un tercio de los estudiantes creía que el VIH se transmite a través de la tos.

En mis entrevistas con homófobos, escuché a menudo que el sexo, la educación sexual y el matrimonio deben ser vistos bajo el prisma de la Biblia. Pero, para ello, debemos comprender el contexto en que la Biblia fue escrita. Como es obvio, el conocimiento sexual de las antiguas civilizaciones no es equiparable al nuestro de hoy en día. En los tiempos bíblicos se creía que el hombre contenía una “semilla” que era implantada en la mujer (un concepto que probablemente se inspiró en la agricultura). Se pensaba que la mujer no desempeñaba papel alguno en la producción del bebé, además de ser el “suelo” en el que el bebé crecía. Obviamente, hoy en día sabemos que este no es el caso.

En la Biblia se insta a los seguidores a “id y multiplicaos”. Mientras que los católicos todavía interpretan esto como una llamada de Dios a que las mujeres queden embarazadas tan a menudo como sea posible, es importante tener en cuenta el contexto en el que la Biblia fue escrita. En ese momento cada mujer tenía que dar a luz a cinco crías vivas para mantener estable la población. Esto está lejos de necesario en la actualidad.

En las tres religiones abrahámicas (judaísmo, cristianismo, Islam) se prohíbe la masturbación. ¿Cree que cada una de las personas cristianas y católicas que participó el pasado 10 de agosto en las marchas para defender a la familia se han abstenido de esta práctica toda su vida? ¿Pero entonces se sienten libres para atacar a los homosexuales con base en su “moral” y “creencias”?

Los israelitas denunciaban y prohibían la masturbación porque era una práctica religiosa y ritual de los cananeos, los egipcios y los asirios (quienes también practicaban la homosexualidad, una forma de prostitución en el templo y la “bestialidad” (besar a las vacas)). Muchas de estas prácticas estaba centradas en pedirles a los dioses ayuda con la fertilidad del suelo. Así, las reglas que Moisés dio a los hijos de Israel están plagadas de prohibiciones: no sacrificar la miel (Levítico 02:11), no travestirse (Deuteronomio 22: 5), y no derramar la semilla (masturbarse), todas prácticas religiosas cananeas.

Era una práctica común para los sacerdotes asirios participar en la homosexualidad y en el uso de ropa femenina como un medio para adquirir los poderes mágicos de la Madre Diosa Ishtar. También era común que los acólitos menores se prostituyeran ante todos los hombres visitantes del templo, como una estrategia para para recoger semen “fertilizante” para la deidad y dinero para el mantenimiento del templo. Ellos fueron llamados qadesh, que significa “los santos”. Sin embargo, el término fue transformado por los hebreos en el sentido de “sodomita”, y el término para las prostitutas del templo, qedheshah, se utilizó como equivalente de “puta” (I Reyes 14,22 -24, 15.12, 22.46).

¡Ver la historia del sexo es interesante! Esta es sólo una de las razones por las que la educación sexual se merece el mismo tipo de apreciación intelectual, igual que otros temas que se enseñan en la escuela. Nos ayudaría a comprender de dónde venimos y nos ayudaría a darle forma a nuestro futuro.

Al explorar la educación sexual a lo largo de la historia también podemos hacer muchas preguntas pertinentes. Por ejemplo, así como usted permite que la educación sexual de su hijo sea moldeada por los hombres que vivieron hace dos mil años, también permitiría que a su hijo le fuera impartido el tratamiento medico disponible en ese entonces?

Hablar de sexo no debería ser tan polarizante y difícil. No debería ser tabú y vergüenza. Es una parte natural de nuestra biología, de nuestra existencia. Aferrarse a supersticiones y prejuicios ignorantes no es hacer este mundo más seguro o más humano. Debemos evolucionar, debemos madurar.

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