Domingo, Noviembre 19, 2017
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No nos equivoquemos

Jorge Muñoz Cepeda
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La paz no se consigue con una firma. Primero nosotros debemos “escudriñamos” como sociedad.

Teniendo en cuenta que la paz no se consigue con una firma y que a lo sumo lo que el gobierno logrará acordar con dicha rúbrica será la finalización del conflicto armado con las Farc, la pregunta que persiste es si la reintegración a la sociedad civil de los guerrilleros constituirá la normalización de nuestra patética situación. La respuesta es obvia, a pesar de que existen muchos que piensan que gracias a la mesa de negociación de la Habana sí estamos cerca de lograr el sosiego de cuya falta todos hemos sido culpables.

Quedará pendiente la negociación con un grupo distinto, la lidia diaria con las bandas criminales derivadas de los paramilitares, la corrupción, el narcotráfico, los niños abusados, las mujeres golpeadas, los empleados mal contratados y explotados, la pobreza, los buses atestados, los pequeños desnutridos, la pésima educación y una larga lista de etcéteras por doquier. No nos equivoquemos, la paz está muy lejos.

Los políticos, esos otros culpables, a veces –muy pocas– se concentran en solucionar un problema específico, una circunstancia práctica, una pequeña arista de la tragedia; si acaso lo logran tratan de convencernos de que nos han ayudado a alcanzar una meta fundamental, de que ya estamos listos para vivir como la gente, como si disparar fuera el único de nuestros males nacionales, como si matarnos no fuera la consecuencia de algo mas complejo, más hondo, como si la firma garabateada en un papel borrara de un tajo nuestra tendencia irrefrenable a hacernos daño.

No nos equivoquemos, la paz no resulta de la voluntad de dos grupos enemigos que acuerdan cosas en una mesa. Para conseguirla –si es que tal cosa es posible– es preciso tener la voluntad de escudriñarnos, de intuirnos, de comprender y aceptar por qué hemos sido capaces de tanto disparate, no ellos, los que disparan, los que secuestran, los que torturan, los que desmembran, sino nosotros, quien escribe esto y quien lo lee, la mayoría que ha propiciado que la paz sea un anhelo lejano y no un ejercicio diario, una convicción, un talante.

Para la muestra, sólo un ejemplo que ilustra nuestro “pacifismo”. Hace poco, en su página de Facebook, la Emisora Atlántico de Barranquilla registró la noticia de una madre que le quemó a su hija uno de sus glúteosc on una plancha al rojo vivo por hacerse un tatuaje sin permiso. Las dimensiones de este acto criminal no asombraron a la parte cuerda de este país solamente por la absoluta barbarie de la iracunda progenitora, sino también por las opiniones descabelladas, brutales, inhumanas, de muchos de los lectores de la noticia. Cito textualmente (hasta con los errores de ortografía con que fueron reseñados los comentarios en las redes sociales) una pequeña parte de ellos:

“No estoy de acuerdo con los maltratos. Pero eso le pasa por atrevida. Si sabia que su madre no estaba de acuerdo con eso, por que lo hizo! cada acto tiene una consecuencia!”
“No dicen por que se tatuó, obvio no tenía permiso de le madre!; Eso le pasa por zunga”
“Bien hecho!!! q mi edad con lo unico que me raye fue con lapicero y tatuaje solo con photoshop… cuando tenía. 14 ni en eso pensaba… los pelaos dde ahora quieren correr antes de gatear por eso toman malas decisiones incluyendo en esto el burlar a sus padres con tal de hacer lo que su capricho les dicta… ya es normal ver este tipo de cosas… se creen los malotes/as teniendo su piel rayada..”

“Muy bien. Yo no le quito la plancha hasta arrancarselo. Por atrevida.”

“Estoy de acuerdo con la mamá una niña de 14 años no es para que piense en tatuajes…. Por atrevida…. Ahora pregúntale si se volvería a tatuar?”

“Bien hecho, nojoda estos culicagados no quieren quemar las etapas.”

“No es justificado pero ella se lo ganó. Si hubiese respetado a la madre no hubiese sido víctima de esa errónea corrección.”

“Eso estuvo bien por atrevida a la culicaga esa.”

“Que la siga quemando la mamá hizo bien le hubiese quemado la chucha.”

No nos equivoquemos, así es como se comportan muchos de los que piensan que la tan anhelada paz es algo que se consigue firmando una hoja de papel en una isla en El Caribe.

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    2 Respuestas

    1. Natalia

      Totalmente de acuerdo, La Paz inicia en nosotros mismos, en aceptar las diferencias y desafortunadamente los Colombianos no estamos preparados ni para hacer La Paz con el vecino.

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