Domingo, Noviembre 19, 2017
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“La palabra de Dios ha sido manipulada”

Emmanuelle Schick Garcia
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Emmanuelle Schick García deconstruye la condena religiosa a la homosexualidad y revela que en la Biblia se hacen poquísimas referencias a la homosexualidad, muchas de ellas sacadas de contexto. Lo mismo pasa con la Torá y el Corán. Vale la pena leer el artículo completo, en caso de que esté buscando argumentos para contradecir a quienes siguen manipulando la palabra de Dios.

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Poco después de las matanzas en discoteca gay Pulse en Orlando, un Pastor americano –nacido en Venezuela– hizo un discurso a su congregación en la Iglesia Bautista Verity. El Pastor Roger Jiménez preguntó a sus seguidores: “¿están tristes porque 50 pedófilos murieron hoy? La buena noticia es que hay 50 pedófilos menos en este mundo. Porque estos homosexuales son un grupo de pervertidos y pederastas asquerosos”. Luego le dijo a sus seguidores, “creo que Orlando, Florida, es un poco más segura esta noche. La tragedia es que no murieron más de ellos [los homosexuales]… ¡Estoy un poco molesto porque no terminaron su trabajo!”, agregó Jiménez. “No hay ninguna tragedia. Me gustaría que el gobierno los agarrara [a los homosexuales], los pusiera contra la pared, pusiera un pelotón de fusilamiento en frente de ellos y les volara los sesos”.

Un mes después de su sermón, se le preguntó al Pastor Jiménez si se arrepentía de su discurso. Él respondió: “No. No se les permite venir aquí. No permitimos que los homosexuales, transgénero o algo por el estilo… pedófilos a ser una parte de nuestra congregación”.

La vergüenza, el asco y la inmoralidad que atribuye a los homosexuales resuena en la cultura latina y suramericana. Y aunque ninguna de las víctimas de Orlando asistía a la iglesia del Pastor Jiménez, su marca de odio homofóbico y prejuicio, alcanzó a todas las víctimas de la masacre mucho antes de que fueran asesinadas el 12 de junio.

Algunas de las víctimas no habían salido del todo en lo que respecta a su sexualidad con sus familias, por miedo a defraudarlos. Uno de ellos había huido de su país centroamericano porque era constantemente atacado por ser homosexual (aunque nunca se había proclamado gay, ni había tenido una relación homosexual hasta el momento). Otro hombre, víctima de la masacre, no fue repatriado a Puerto Rico porque su padre se avergonzaba de la homosexualidad de su hijo. El odio homofóbico no comenzó en Orlando el 12 de junio, comenzó mucho antes.

Pero ¿de dónde viene esta homofobia? ¿Dónde aprenden los homófobos a ser homofóbicos? Si entendemos las causas y los orígenes de los sentimientos homofóbicos, ¿les ayudaría a los homófonos a reflexionar sobre sus sentimientos?

Una de las desafortunadas raíces de la homofobia es la religión. Se utiliza constantemente para justificar el trato poco digno hacia los homosexuales. Lamentablemente, la palabra de Dios ha sido manipulada para despojar a los homosexuales de su humanidad. La homosexualidad se ha convertido en un crimen, un pecado, una perversión y ha empeorado con la ayuda de la Santa Escritura. ¿Pero se puede justificar? ¿La Santa Escritura en realidad condena la homosexualidad? ¿De dónde vienen en realidad estas ideas ?

La Antigüedad

Gran parte del sexismo y de la homofobia que todavía vemos hoy en día en el mundo occidental se remonta a la antigüedad, que también influyó en los movimientos religiosos que le seguirían. En la antigua Grecia y en el Imperio Romano, la ideología sexual giraba en torno al modelo priápico (quién penetra a quién y dónde con un pene). Las relaciones sexuales se entendían como un acto de penetración (con un pene), que otorgaba poder social al penetrador (el hombre) y disminuía el poder social de la persona que era penetrada (un macho más joven o una mujer). La masculinidad necesitaba el rol penetrador, ya que se esperaba que los hombres mantuvieran su posición de dominación y poder.

Como el experto Byrne Fone afirma, el macho adulto griego tenía el “derecho incuestionable de penetrar y dominar a su pareja, supuestamente más débil, por lo general más joven, y socialmente inferior” (ya fuera hombre o mujer). Las relaciones sexuales nunca fueron consideradas uniones de parejas iguales, de hecho, esa idea era ajena en la antigüedad.

En la antigua Grecia, la homosexualidad no estaba regulada por la religión como lo fue más tarde en la antigua Palestina, sino por las costumbres y las leyes civiles. En ese tiempo, el mundo era percibido como heterosexual. Y así fue hasta el siglo XVII, cuando en Inglaterra apareció el término “Molly” (homosexual), palabra con la que se identificó, por primera vez a una persona distinta, no sólo un hombre que exhibía ciertas características femeninas. En la Antigüedad no existía el concepto de orientación sexual, solamente los actos sexuales, que eran regulados por las presiones sociales, la sociedad y las leyes.

La hombría y la virilidad estaban fuertemente supervisadas por una competente vigilancia social. Los signos de la masculinidad, como el vello corporal, se utilizaban para comunicar la virilidad o destruir la masculinidad de un enemigo. Por ejemplo, los judíos antiguos y los atenienses, quemaban el vello púbico anal de sus oponentes para humillarlos, porque sólo las mujeres quemaban el vello púbico). Incluso Clemente de Alejandría, un teólogo cristiano, culpó a las tiendas de depilación genital y anal de Alejandría de causar “trastorno de la vida cívica”. En el este árabe Otomano, eran las barbas las que simbolizaban el honor masculino y la virilidad. Debido a que los niños y los esclavos no eran considerados hombres, no se les permitía tener barba.

En los tiempos de la antigua Grecia y Roma, el macho adulto nacido libre era considerado el más importante de los ciudadanos. Se promulgaron leyes para protegerlo a él y a su cuerpo, mientras que los derechos y la protección de las mujeres fueron moldeadas por sus maridos y padres, quienes eran considerados sus propietarios.

Otra de las tradiciones de la Antigüedad (y una que los homófobos a menudo confunden con la homosexualidad y la pedofilia) es la paiderastia. Paiderastia era la antigua práctica de cortejo de los hombres mayores nacidos libres a los machos más jóvenes (nacidos libres que habían llegado a la pubertad). Es importante tener en cuenta que los romanos, que tenían una vida media de unos 40 años, se casaban en sus veinte y podían visitar legalmente prostitutas desde la edad de catorce años. El cortejo también tenía que ser consensual.

Los griegos y romanos nunca promovieron la homosexualidad o la pedofilia como lo dicen los homófobos. De hecho, la pedofilia era aborrecida en la antigüedad, pues la violación de los niños nacidos libres era castigada por la ley pública. La ley griega prohibía las relaciones sexuales entre hombres adultos y niños menores de edad, así como las relaciones sexuales y la violación (de un hombre por otro hombre) de los niños nacidos libres y esclavos. Y la homosexualidad (las relaciones entre hombres adultos) no era un concepto entendido por los antiguos griegos. Todo el mundo estaba casado en relaciones heterosexuales, no había parejas homosexuales. De hecho, no hay ni siquiera una palabra para homosexualidad en hebreo o griego antiguo.

Pero por si acaso esto no es claro para el Pastor Jiménez, un pedófilo es un adulto que se siente atraído sexualmente a los niños prepúberes. Se considera un crimen hoy y se consideró un crimen en la Antigüedad. La homosexualidad es una atracción sexual entre adultos del mismo sexo. Y la paiderastia es la antigua práctica de los hombres adultos nacidos libres de cortejar a jóvenes machos que han pasado la pubertad.

Y entonces, ¿qué pasa con las lesbianas? Las mujeres, heterosexuales y homosexuales, han sido en gran medida silenciosas e invisibles. Las relaciones entre las mujeres eran apenas mencionadas, a pesar de que se consideraban antinaturales porque no había ningún acto de penetración con un pene. Curiosamente, aunque el término lesbiana, que significa una mujer que se siente atraída por el mismo sexo hoy en día, se creía que denotaba una mujer que amaba dar sexo oral en el tiempo de Safo.

Judaismo

Recientemente, el rabino Yigal Levinstein dijo que los homosexuales eran “desviados” que carecían de la “normalidad de la vida.” En una carta abierta, trescientos rabinos salieron en su defensa. Alegaron que “no hay lugar para la legitimar los fenómenos y comportamientos que tratan de glorificar una forma de vida que sea contraria a la moral humana y las enseñanzas de la Torá” (los cinco libros que incluyen Génesis, Éxodo, Levítico, Deuteronomio, Números).

Lo que este rabino no menciona, es que no hay ninguna mención de la homosexualidad en los códigos morales más tempranos de Israel. No se menciona nada sobre el tema en los decálogos. En ninguna parte del Pentateuco (los primeros cinco libros de la Biblia en hebreo), la homosexualidad femenina es prohibida. Y sólo en el Talmud el lesbianismo es condenado y castigado a latigazos y palos, porque se consideraba adulterio. Aparte del coito anal entre hombres, ningún otro acto sexual homosexual masculino es condenado (sexo oral, besos, etc.) en la tradición judía.

Esto nos lleva a pensar que la homosexualidad no era prohibida. ¿Por qué otra razón, judíos como Jonathan, hijo del rey Saúl, y David, ambos presentes en el Libro de Samuel, podrían mantener una relación homosexual sin vergüenza o consecuencia?

Según el académico Lang, “la insistencia levítica de hacer una clara distinción entre el contaminante y el no contaminante debe ser vista como una parte de un patrón más amplio de la conducta social. Esta sociedad [la sacerdotal israelita] utiliza líneas definitorias claras y estrictas para diferenciar dos clases de seres humanos: los hijos de Israel y el resto. Dado que cada persona ajena se considera una amenaza para la sociedad y la religión, algunas partes de la naturaleza son señaladas para representar un intruso abominable que viola los límites que se deben mantener intactos”.

Por lo tanto, se puede deducir que el sexo anal entre hombres podría haber sido prohibido para diferenciarse a ellos mismos de sus vecinos y de sus hábitos sexuales. Maimónides, por ejemplo, asociaba el sexo lésbico con las prácticas sexuales de Egipto, como es reflejado en la prohibición del Pentateuco de hacer lo que el pueblo de Egipto hacía.

El Antiguo Testamento

En el Antiguo Testamento hay dos capítulos que discuten los actos homosexuales masculinos: Génesis 19: 1-11 y Levítico 18:22, 20:13. De estos dos, la historia más influyente utilizada para condenar los actos homosexuales es la interpretación de la historia de Sodoma (Génesis 19: 1-11).

De acuerdo con la ley levítica “cuando un extranjero reside con vosotros en vuestra tierra, no podrás hacer lo incorrecto … vosotros lo amarás como a ti mismo.” En la historia de Sodoma (en la versión del Rey Jacobo), dos ángeles se encuentran con Lot en la puerta de la ciudad. Lot los invita a su casa, donde son alimentados. Al enterarse de la llegada de los visitantes, un grupo de hombres de Sodoma llegan a la casa de Lot y le exigen que les presente a sus invitados “para que los conozcamos (yadha)”. Yadha, en hebreo, significa “conocer”. En el léxico hebreo-Inglés del Antiguo Testamento, la palabra yadha se usa 943 veces, y en tan sólo 10 casos se usa con connotaciones sexuales. Sin embargo, su uso en el ejemplo anterior parece ser sexual, puesto que más tarde Lot utiliza la palabra cuando ofrece a sus hijas vírgenes a los sodomitas con el fin de proteger a sus huéspedes.

Hay tres problemas que surgen con esta historia. En primer lugar, las hijas de Lot están comprometidas para casarse, por lo tanto, si los hombres de Sodoma las violan (ya que nunca se dice nada sobre su consentimiento), se violará el honor de los yernos de Lot, ya que sus propiedades han sido violadas. En segundo lugar, las hijas de Lot debían casarse dentro de los muros de la ciudad, lo que significaba que si los hombres de Sodoma las violaron, ellas podrían ser lapidadas hasta la muerte. En otras palabras, era más importante para Lot defender las leyes de la hospitalidad que preocuparse por prohibiciones sexuales fundamentales, que podrían hacer matar a sus hijas. En tercer lugar, cuando se hace referencia a Sodoma en otras partes de la Biblia la gente de Sodoma siempre es condenada por su falta de hospitalidad, arrogancia y egoísmo, pero nunca por homosexualidad. De hecho, la homosexualidad nunca se menciona. Incluso Jesús no relacionó los crímenes de Sodoma con la sexualidad, sino que los asoció con la falta de hospitalidad y con una falta general de fe.

Curiosamente, los homófobos a menudo ignoran el hecho de que los dos ángeles nunca dan su consentimiento para yadha (conocerse). Lo que significa que esto no tiene nada que ver con la sexualidad y se asemeja más a una amenaza de violación. ¿Por qué entonces el término “sodomitas” se convirtió en sinónimo de “sodomía” (o sexo anal) y no en sinónimo de anfitriones inhóspitos o violadores?

La responsabilidad de esta desviación podría caer sobre los hombros del filósofo judío Filón de Alejandría que fue el primero en interpretar a los sodomitas como deseosos de sexo homosexual. Puso en práctica la idea de que la homosexualidad era uno de los pecados que llevaban a la destrucción de la ciudad. Esta idea más tarde se repitió y fue enfatizada por Josefo y primeros cristianos como Clemente de Alejandría y San Agustín.

Filón también pudo haber sido el primero en dar el significado “ilegalidad servil y pederastia impropia” al término hebreo yadha (conocer). Él no sólo embelleció la historia de Sodoma, sino que incluyó detalles y descripciones que no se encuentran en el libro del Génesis. Incluso llegó a afirmar que los sodomitas seducían y forzaban a hombres “que eran por naturaleza hombres” a apropiarse de “la parte de las mujeres”. A eso Filón llamó “la enfermedad femenina” que podría infectar al mundo entero.

Otros dos pasajes que utilizan los homófobos para alimentar el sentimiento anti-gay son Levítico 18:22 que dice “no te acostarás con hombres como con mujeres, es una abominación”, y Levítico 20:13 que dice: “Si un hombre se acuesta con otro hombre como lo hace con una una mujer, ambos han cometido una abominación; ellos serán puestos a muerte, su sangre se derramará sobre ellos”. El término hebreo “toevah” empleado en Levítico significa impuro, contaminación o tabú (prohibido por razones culturales o religiosas), pero no significa abominación. Si abominación era lo que los antiguos hebreos tenía en mente, probablemente habrían utilizado la palabra hebrea “zimah”, que significa malo, pecado, injusticia. Pero no lo hicieron. Además, es interesante observar que el Catecismo de la Iglesia Católica, que advierte a los “actos homosexuales como actos de gran depravación”, excluye el pasaje Levítico como un texto bíblico de apoyo para soportar esta declaración.

Al parecer, los antiguos hebreos veían el sexo anal masculino como una transgresión ritual, una impureza, pero no como un pecado, ya que la palabra existía pero no se utilizaba. Podrían haber usado palabras como anomia (violación de la ley) o asebia (profanación) que fueron utilizadas en la Biblia en otras instancias, pero tampoco las utilizaron para este texto.

El Nuevo Testamento

Los Cristianos consideran el Antiguo Testamento como “hecho cumplido”, por lo tanto le dan mayor importancia a las enseñanzas del Nuevo Testamento que hacen referencia a los actos homosexuales en Romanos 1: 26-27, Corintios 6: 9, y Timothy 1:10.

En el año 57 dC, Pablo recibió noticias de que los cristianos de Corinto estaban luchando sobre el matrimonio, la carne de sacrificio y otros temas. Para apaciguar esta lucha, Paul compuso los Primeros Corintios. El profeta acusó a Israel de ser una “zorra espiritual” y condenó la mala conducta sexual y la idolatría. En Corintios, Pablo presenta una lista de los que no entrarían al Cielo: “fornicarios, idólatras (cualquiera que no siguiera el Dios de los judíos), los adúlteros, malakoi, arsenokoitai, ladrones, codiciosos, borrachos, maldicientes.”

En diversas versiones de la Biblia, arsenokoitai se ha traducido como “homosexuales pervertidos”, “pervertidos sexuales”, “personas con hábitos infames”, “homosexuales”, “pedófilos”, “sodomitas” y “pervertidos”, a pesar de que era una palabra cuyo significado exacto no está claro. Algunos expertos creen que podría significar “culpable de delitos contra natura”, “amantes de clientes niños”, “clientes de los hombres suaves” o “clientes de prostitutos niños”. Pero fue hasta el siglo XX que la Iglesia Católica asoció malakoi con la masturbación, a pesar de que malakos significa suave y malakoi suavidad. En la Biblia del Rey Jacobo se tradujo la palabra como “afeminamiento”, en la Biblia Revisada de 1973 se tradujo como “adúlteros”, la Edición Revisada Estándar la tradujo como “prostitutos”, y la Nueva Biblia Inglesa como “adulterio”. Al parecer ninguna traducción está de acuerdo.

Lo que sí es seguro es que San Pablo estaba preocupado de que los cristianos recién convertidos fueran corrompidos por pecados paganos, así como el escriba del Levítico se preocupaba por que la pureza del pueblo judío fuese contaminada por las prácticas impuras de las poblaciones aledañas y de los extranjeros.

La ansiedad de Pablo sobre la influencia de los paganos es notoria en su carta a los Romanos. Ataca acciones idólatras de los no judíos (“no reconocían a Dios ni le daban gracias a Dios. Por el contrario cambiaron la gloria del Dios inmortal por imágenes que semejan un ser humano mortal, o aves, o cuadrúpedos, o reptiles”). Pablo cree que los idólatras eran castigados por Dios que “los abandonó por las concupiscencias de sus corazones a la impureza, por deshonrar sus cuerpos. Dios los abandonó por sus pasiones vergonzosas. Dios los abandonó por su mente depravada y conductas inadecuadas”.

En Romanos, Pablo menciona los actos sexuales de las mujeres por primera vez: “porque sus mujeres cambiaron las relaciones naturales por las que son contrarias a la naturaleza; y los hombres del mismo modo dejaron las relaciones naturales con la mujer, y fueron consumidos en su lascivia de unos por otros, los hombres cometiendo actos vergonzosos con hombres, y recibiendo el castigo merecido por su error” (Romanos 1: 26-27). Esta no es una clara denuncia de lesbianismo, puesto que podría significar, por ejemplo, que las mujeres abandonaron sus papeles, “naturales” y pasivos y asumieron un papel asertivo reservado a los hombres. En los tiempos bíblicos, el statu quo social hacía referencia principalmente a las transgresiones de género (las mujeres asumiendo funciones reservadas a los hombres, u hombres asumiendo funciones o rasgos asociados a las mujeres). Hoy en día los homófobos se sienten ofendidos por estas mismas transgresiones.

Es interesante notar que Pablo, en su supuesta condena de los actos sexuales homosexuales, nunca utilizó el término kinaidos (un macho femenino, que era visto con desprecio en las culturas grecorromanas). El término desapareció en el siglo IV, lo que significa que todavía estaba en uso en los tiempos de Pablo. Mientras que el vocabulario griego tenía varias palabras y términos para la relación sexual masculina homogenital, los hebreos carecían de alguna, por lo que no es claro por qué Pablo no habría utilizado un término griego para ser más preciso sobre quién o qué estaba amonestando.

En el pasaje Timoteo 1:10 dice en la versión del Rey Jacobo: “para los fornicarios, para los que profanan con hombres, para los secuestradores, para los mentirosos y perjuros, y si hay alguna otra cosa contraria a la sana doctrina”. En la versión inglesa estándar que continúa la misma línea de los romanos, pasa a decir “los fornicarios, los hombres que practican la homosexualidad, los esclavizadores, mentirosos, perjuros, y cualquier otra cosa que se oponga a la sana doctrina”. Un hombre puede haber permitido ser penetrado, lo que puede ser aquí el problema, más que la homosexualidad en sí.

La Iglesia Católica

La Iglesia Católica, a pesar de la condena oficial, ha tenido una relación complicada y compleja con los homosexuales. El Papa León X, por ejemplo, rechazó la idea de que los sacerdotes pudieran ser expulsados de la Iglesia por cuenta de la masturbación mutua o por “poner un pene entre los muslos de otro hombre”. El Papa Julio III nombró Cardenal a su amante de 17 años, Inocencio.

En Confesiones, San Agustín describe su amor por un hombre joven. Sin embargo, su atracción se volvió disgusto cuando Agustín más tarde denunció su atracción homosexual, afirmando que “para un hombre que use su cuerpo como el de una mujer” era vil, ya que “el cuerpo del hombre es tan superior al de la mujer, como lo es el alma para el cuerpo”.

Santo Tomás de Aquino es otra figura católica influyente cuyas opiniones se han utilizado para apoyar las reclamaciones contra los homosexuales hoy en día, especialmente en Francia. Sus ideas, formadas en el año 1200, establecían a los pecados sexuales como pecados contra natura, pecados en contra de la naturaleza humana, y por extensión, de la naturaleza de Dios. Clasificó los pecados, poniendo la bestialidad como el peor, seguido por el sexo anal entre hombres, y seguido por el sexo anal entre un hombre y una mujer. Creía que la sexualidad humana natural era el deseo de coito heterosexual, ya que aseguraba la renovación de la población humana. También creía que la eyaculación fuera de la vagina de una mujer no era natural.

Islam

El Corán no prohíbe las relaciones sexuales entre las mujeres, no hay ninguna referencia a esto. Aunque hay pocas menciones sobre el sexo anal entre hombres, el castigo para la homosexualidad no se especifica en el Corán, a pesar de que se habla sobre el castigo por relaciones sexuales vaginales entre una pareja no casada (100 latigazos).

En el Corán, Sura al-Nur (verso 24: 31-24: 33) menciona específicamente a “los hombres que no necesitan una mujer”. Estos “hombres que no necesitan una mujer” podría haber sido gay o asexuales, pero que no son juzgados o condenados en ninguna parte del Corán. El profeta Mahoma parecía reconocer que algunos hombres eran diferentes de los demás. Su esposa, Umm Salama, tenía un amigo llamado Hit, un mukhanath, un hombre que actuaba como una mujer. A diferencia de otros hombres, Hit podía entrar tanto en los espacios de los hombres como los espacios de las mujeres. Incluso Muhammad le permitía entrar en el espacio privado de las mujeres de la casa del Profeta.

Aunque el primer califa, Abu Bakr, tumbó una pared sobre un hombre que se pensaba era homosexual, la escuela Hanafi sunita del pensamiento (prevalente en el sudeste de Asia, los Balcanes, Turquía, Siria, Egipto) no cree que el sexo entre hombres deba ser castigado con la muerte. La explicación del yerno del profeta Ali Ibn Abu Talib para prohibir el liwat (hombres que preferían los hombres más jóvenes) decía que “si se permitiera la penetración carnal de un niño (ityan al-ghulam), los hombres prescindirían de las mujeres, lo que daría lugar a la interrupción de la procreación”.

El uso de palabras como “natural” y “no natural” para describir la sexualidad inició con los cristianos. Cuando los musulmanes actuales utilizan este argumento, en realidad están tomando ideas de los cristianos europeos, ya que la palabra “homosexualidad”, o conceptos como “natural” y “no natural”, no existen en el Corán.

Los musulmanes eran inusualmente tolerantes hacia la diversidad religiosa y sexual en el siglo I. Desde 1095 hasta 1270, cuando los ejércitos cristianos trataron de recuperar los lugares sagrados y Jerusalén por parte de los musulmanes, lanzaron acusaciones de sodomía, pintando a los musulmanes como sodomitas despiadados que querían pervertir a los cristianos. Fue una manera de crear disgusto e inspirar odio, lo que ayudó a impulsar las ocho cruzadas. Las acusaciones fueron lanzadas en contra de los moros durante su ocupación de España y el sur de Francia. Empañar la reputación y socavar el poder a través de la acusación de sodomía era un instrumento político tan eficaz que todavía se utiliza hoy en día.

¿Qué pasa ahora?

Un periodista me preguntó cómo era capaz de soportar horas escuchando a los homófobos. Por miedosas y decepcionantes que puedan ser sus opiniones, siempre veo a un ser humano frente a mí. Alguien con quien quiero debatir. Estoy ahí para escuchar, entender, encontrar la causa de este odio, esta ignorancia y esta vergüenza. Pero a veces me afecta. Me enfurece.

Perdí la paciencia durante una entrevista que le hice a un abogado católico que fundó una asociación anti-gay en Bogotá. Creo que uno puede soportar cierta cantidad de idiotez, pero ese día llegué a mi límite. El abogado hacía constante alusión al “lobby gay” (como lo hace la mayoría de los homófobos que he entrevistado) y le pedí que me diera nombres y cifras precisas, algún tipo de pruebas. Él me aseguró que el lobby gay era fuerte, bien financiado y de escala internacional.

Pero veamos el “lobby gay” en Colombia. Hay alrededor de 81 asociaciones LGBT en todo el país. Compárenlas con los más de 2500 iglesias/grupos religiosos registrados tan sólo en Bogotá. Por ejemplo, Colombia Diversa, la asociación LGBT nacional que cuenta con ocho trabajadores de tiempo completo, es una organización minúscula en comparación con Misión Carismática, una iglesia bogotana con 160 sedes en el mundo y 200 mil miembros sólo en Bogotá. Entonces, al final, ¿qué voces cree usted que los colombianos están escuchando? ¿A los ocho empleados de Colombia Diversa, o a los 200 mil seguidores de la Misión Carismática?

Esperemos que su matemáticas sea mejor que la del abogado a quien entrevisté.

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