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“La enfermedad homosexual”

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Cierto tipo de obligación moral nos hace escribir este post, como manifestación del horror que nos sigue produciendo tanta expresión y estudio retardatario sobre la supuesta “enfermedad del homosexual” y todas esas patrañas que usan para quitar y dar derechos a partir de orientaciones sexuales.

La verdadera enfermedad no es “hombre con hombre, mujer con mujer”, sino esa que hace establecer jerarquías sobre los demás, dividiendo la humanidad en grupos. Como ya el discurso de hegemonía masculina no tiene sustento en la mayor parte del mundo, ahora hacemos eco de una jerarquización diferente: heterosexual vs. homosexual. Estos mismos retardatarios que antes decían que las mujeres sólo servíamos para la casa, ahora les da por decir (convenientemente para ellos) que nuestra orientación sexual nos garantiza y nos priva de derechos.

El ya machacado estudio de la Facultad de Medicina de la Universidad de la Sabana sobre la supuesta enfermedad de los gays que los hace “no aptos” para la adopción de niños, es apenas una de las manifestaciones de tal anacronismo y estupidez. Tan anacrónico es, que no se aleja mucho del libro publicado en 1861 “The Book of Nature”, que establecía conclusiones tan descolocadas como las de los expertos sabaneros.

En 1861 el Dr. Ashton escribió que “cuando un varón está realizando su acto, si sus pensamientos se distraen, el producto será débil, y si su esposa termina embarazada, su hijo será inferior”. Por eso destaca la superioridad de los bastardos, pues estos, al ser fruto de un polvo indebido, pero deseado y realizado con mucho vigor y ahínco, son una especie de seres geniales superiores, como Confucio y Leonardo Da Vinci, entre otros. Y dependiendo de cómo lo veámos, hasta Jesús.

Ahora, flashforward al panfleto medieval de la universidad circa 2015: “Los artículos estudiados nos demuestran un panorama claro y dejan una duda razonable respecto a los daños que sufre un niño adoptado por una de estas parejas y que aconsejan claramente una familia formada por un padre y una madre para la crianza de los hijos, una pareja estable. Pensando en el bienestar para los hijos es evidente que una “familia” sin el modelo para el hijo del padre y de la madre, inestables, constituida por personas con riesgos altos de consumo de sustancias psicoactivas y con índices altos de suicidio no son más adecuadas, el adoptado está en mayor riesgo de sufrir abusos sexuales”.

A los homosexuales, en definitiva, los han metido indiscrimidamente en un saco de estereotipos injustos: drogadictos, inestables, portadores de enfermedades sexuales, suicidas y predadores sexuales. Si la Declaración de los Derechos del Niño establece que “el interés superior del niño debe ser el principio rector de quienes tienen la responsabilidad de su educación y orientación”, y si las parejas homosexuales no pueden cargar con esta responsabilidad por su condición de “enfermos”, ¿por qué no se le condena a la infertilidad y prohibición absoluta de crianza y reproducción a los padres heterosexuales que abusan de sus hijos emocional, física psicológica y sexualmente, o que atente contra cualquier ser humano o forma de vida?

Otra de las leyendas que hacen parte del mismo saco es la que señala que los homosexuales no son aptos para adoptar dadas las repercusiones psicológicas y sociales que los niños sufrirían al pertenecer a una unión “infértil”, “excremental” y “enferma”, citando a unos cuantos retrógados oscurantistas con poder. A ver. El problema no son las familias con padres del mismo sexo, sino el contexto social donde estos niños se crían. Como el colombiano, en el que prevalecen el machismo, el sexismo, el clasismo, la intolerancia y el racismo. Ese es el verdadero problema, no que una pareja con todas las capacidades emocionales y económicas tengan a un hijo que desearon.

Además, ¿quién dice que la estabilidad es exclusiva de las uniones heterosexuales? ¿Qué tanto se puede justificar esta supuesta “estabilidad” cuando las cifras demuestran que Colombia es uno de los países con mayor tasa de divorcios, y que somos uno de los países más infieles de la región? ¿Cómo se puede decir que los homosexuales son “enfermos” porque “su comportamiento se aparta del común”? ¿Se acepta entonces como ”comportamiento común” el de un hombre que llega borracho a su casa y abusa física y sexualmente de su esposa y de sus hijos? ¿Es aceptable una madre que explota sexualmente a su hijo o hija para salir de una pobreza que nada tiene que ver con su orientación sexual? ¿Acaso la condición heterosexual asegura una estabilidad emocional y una sanidad mental, cuando hay heterosexuales que son capaces de cometer crímenes tan abominables como el asesinato a sangre fría de los cuatro hermanitos en el Caquetá? Tenemos que entender que hay temas que no son, ni pueden ser determinados por la orientación sexual ni por el género. Y nos autocitamos: “la maldad no es un tema de orientación sexual o de género”.

Hay muchos hijos de parejas homosexuales que son víctimas de matoneo por parte de hijos de parejas “estables” heterosexuales, y este tipo de abuso psicológico los hace proclives a depresiones, abuso de sustancias, incluso al suicidio. Lo mismo pasa con muchos niños adoptados por parejas heterosexuales, que son “bulleados” por sus compañeros de colegio, teniendo que vivir con un estigma de “rechazados”, “regalados”, y otro sinfín de etiquetas dolorosas. Víctimas de depresión, abuso de sustancias y suicidas también son hijos de parejas “estables” heterosexuales que tienen un historial de negligencia, abandono, abuso y desconexión emocional por parte de su familia, entre otros.

Los homosexuales no son unos enfermos. La que está enferma es esta sociedad intolerante y excluyente que condena una orientación sexual en vez de centrarse en la humanidad o inhumanidad del individuo. Nadie condena a otro por preferir comer banano a pera, ni le prohíbe conformar una familia a un furry porque, al decidir vivir su vida metido en un disfraz de zorro en vez de un uniforme de saco y corbata, su comportamiento se aparta del común y por ende está enfermo. Tampoco son pecadores, como predican los señores de “pray the gay away”, que esperan que a punta de rezos exorcicen ese “demonio de la homosexualidad”, como en el caso del Power Ranger azul. O del mismo Nerú. El pecado es ir por el mundo privando a otros de derechos básicos, como el de tener una familia. Seguir dividiendo el mundo en heterosexuales y homosexuales es absurdo y facilista.

Publicado originalmente en www.susanayelvira.com, el 16 de febrero de 2015

 

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