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La decisión debe ser nuestra

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Que podamos controlar los cuándo, cómo y cuántos de nuestra maternidad ha sido clave para lograr mujeres mejor preparadas y libres que le aportan a la sociedad y a la economía, ya sea desde su rol de madres o desde su rol de profesionales. 

Simone de Beauvoir escribió en “El segundo sexo” (1949) que la mujer lograba su libertad máxima a través del trabajo. No importaba si era un trabajo obrero, o donde era explotada. Salir a trabajar, interactuar con otra gente, ganar poco o mucho, y suplir sus propias necesidades era la mejor forma de conseguir la tan anhelada independencia, para así librarse de la opresión y la violencia masculina. Beauvoir escribió su obra cumbre un año después de que Francia aprobara el derecho al voto para las mujeres.

Años después de la publicación de su libro, la lucha de Beauvoir se trasladó a una batalla aún pendiente: la anticoncepción. Francia legalizó el uso de la píldora en 1967 (dos años después que Estados Unidos), pero seguía persiguiendo a las mujeres que se realizaban abortos, por lo que en 1971 creó ‘El Manifiesto de las 353’, en el que 353 intelectuales y líderes de opinión francesas aseguraban haberse practicado abortos y estar dispuestas a someterse al castigo legal por su “afrenta”. Hoy se sabe que muchas de ellas, en realidad, no se los habían realizado, pero simplemente apoyaban la libertad de decidir si en dado caso abortaban o no.

El aborto durante el primer trimestre de embarazo fue aprobado en Francia cuatro años más tarde, en 1975, en lo que se considera una victoria feminista hacia la libertad máxima de las mujeres: decidir cuándo tienen hijos, con quién, cuántos y cómo.

En Colombia estamos casi cuarenta años atrás en cuanto a algunos de estos anhelados avances. Por ejemplo, aún no somos completamente libres de ponerle fin a un embarazo no deseado, salvo en tres circunstancias: cuando la vida o la salud de una mujer está en peligro, cuando el embarazo es el resultado de una violación o del incesto, o cuando hay malformaciones del feto que son incompatibles con la vida por fuera del útero. Lo peor, en todo caso, no es nuestro retraso legal, sino que estamos convencidas de que lo único que estas restricciones logran es ponernos a nosotras las mujeres en peligro, o cuanto menos en condición de vulnerabilidad. Según el Instituto Guttmacher, se estima que cada año en Colombia hay 89 embarazos no planeados por cada 1,000 mujeres en edad reproductiva; además que el 44% de estos embarazos terminan en abortos inducidos y que el 99% de estos abortos se hacen por fuera de las instituciones de salud, en sitios clandestinos. Pero todo indica que a los hombres (en referencia a su género, no como un sinónimo anacrónico de “seres humanos”) que hacen las leyes en Colombia, esto le parece poca cosa.

Lo poco que hemos avanzado en este país no se lo debemos necesariamente al Estado o a unas feministas de alto perfil escribiendo libros y firmando manifiestos, sino a una institución privada sin ánimo de lucro que lleva 50 años apoyando a las mujeres en el ejercicio de su autonomía reproductiva y sexual.

En 1965 nació Profamilia, en un momento en el que las mujeres tenían en promedio siete hijos, no necesariamente por su elección, sino por una cultura que vincula la fecundidad a la hombría y al éxito económico; y al supuesto rol único de la mujer: ser mamá. “Profamilia empieza pensando en que las mujeres de pronto no querían tener tantos hijos como les tocaba”, nos contó el doctor Juan Carlos Vargas, director de Investigación de Profamilia. Fue así como la organización comenzó a mostrarles a las mujeres que tenían alternativas, por lo que su primera misión fue mejorar el acceso a los métodos anticonceptivos y ampliar el abanico de opciones, que hubiera píldoras, dispositivos e inyecciones.

Parte de la relevancia de Profamilia en el país es que cubrió una necesidad ignorada por el Estado católico de aquel entonces. “No había política de Estado frente a la anticoncepción, pero sí permisividad de éste frente a nuestra gestión, dado que estábamos cubriendo un vacío dejado por ellos. Obviamente, como era un estado confesional, pues de vez en cuando los jerarcas de la iglesia católica le llamaban la atención al gobierno por dicha tolerancia y ahí era cuando venían las trabas”, cuenta el doctor Vargas.

Profamilia ha sabido adaptarse a los tiempos, y no le ha dado miedo ser el primero en posicionar temas en la agenda de los medios y en el imaginario de hombres y mujeres. A principios de los años 70 fueron los primeros en el país en hacer una vasectomía y una ligadura de trompas, y lograron efectivamente posicionar estos procedimientos como alternativas para la anticoncepción de mujeres y hombres que ya tuvieran hijos. Esta nueva posibilidad reveló otra restricción que tenían las colombianas por cuenta de una ley hecha por hombres: las mujeres no podían realizarse el procedimiento sin autorización de su esposo. En ese momento, cuenta el doctor Vargas, Profamilia comenzó a trabajar en “esa violencia en la casa que no es de moretones”, pues “todavía se manejaba mucho el concepto del deber conyugal. Incluso en las normas del país estaba como una causal de divorcio que la mujer no cumpliera con sus deberes conyugales, como si fuera una obligación cuando el señor dijera”.

Entonces la organización se convirtió en la primera entidad de salud en abrir una consulta en la que las mujeres recibían asesoría por parte de un abogado especialista en derecho de familia, que, por ejemplo, les explicaba que el esposo no las podía amenazar con quitarles los hijos, o la casa, pues la ley –aunque precariamente– las protegía. Con esta asesoría, miles de mujeres fueron empoderadas al recibir la educación necesaria para conocer sus derechos.

Luego en los noventa comenzaron a apuntarles a los jóvenes, para así reducir el número de embarazos adolescentes. En sus estrategias de educación encaminadas a crear conciencia sobre la autonomía reproductiva, Profamilia decidió involucrar a los hombres para que participaran en la anticoncepción. Sin duda, un gran paso adelante y una disrupción en esa sociedad machista que siempre le había dejado el “problema” de la maternidad a las mujeres.

En efecto, esta es una de las razones por las que creemos que Profamilia es una de esas organizaciones que merecen todo el crédito del mundo. Es una especie de “paraíso” feminista fundado por un hombre, que busca la igualdad sexual y la libertad de hombres y mujeres. Sin mojigaterías ni pañitos de agua tibia. Aunque en esta lucha por la libertad, la educación y el respeto a los derechos se hayan metido en algunos problemas.

Hace pocos meses, los retardatarios del país pusieron el grito en el cielo por la campaña ‘La decisión es tuya’, que buscaba contarles a las mujeres sobre la despenalización del aborto en los tres casos, a través de afiches puestos en el metro de Medellín y en otros lugares estratégicos en varias ciudades del país. Y ahí todos los que no se indignan porque en La Guajira han muerto más de 4.700 niños por desnutrición en los últimos tres años, salieron con sus antorchas para pedir el retiro de la campaña.

Pero la organización se mantuvo firme porque cuenta con un apoyo importante de personas que como nosotras, creen en el poder que da la posibilidad de decidir. Incluso, el ruido de la anticampaña con antorchas furiosas sirvió para promover su mensaje, como pasó en el año 2000, cuando el gobierno aprobó la píldora de emergencia en Colombia. Apenas comenzó su distribución, en los sermones dominicales y en las reuniones de jerarcas retardatarios, empezaron a decir que el medicamento vendido por Profamilia era abortivo, que generaba enfermedades y vincularon su uso al tan temido pecado. Nuevamente el “que hablen mal, pero que hablen” funcionó. “Esto despertó la curiosidad de la gente y contrario a lo que pensábamos, en el primer mes se vendieron 400.000 dosis”, cuenta Vargas.

Como parte de su evolución, en el siglo XXI Profamilia ha entendido que hay otras formas de empoderar a las mujeres. La organización abrió una clínica de fertilidad con tecnología de punta para hacer reproducción asistida. Hoy es la entidad de salud que recibe el mayor número de pacientes por infertilidad, derribando otra de las grandes cruces que cargan las mujeres: “existía la idea de que la infertilidad era una enfermedad exclusivamente femenina. Empezamos entonces a hacer entender que la fertilidad es un asunto de pareja”, explica el Doctor Vargas. Finalmente, el 50% de los casos de infertilidad en una pareja están en el hombre. Así mismo, Profamilia cuenta con el banco certificado de semen más grande del país. “Esto significa que las mujeres pueden hacerse tratamientos de fertilidad sin tener que estar acompañadas siempre por un hombre”, agrega Vargas.

En sus 50 años de existencia, las mujeres en Colombia pasaron de tener siete hijos a 2.1. Además, hace 50 años tan solo el 20% de las mujeres que tenían vida sexual activa utilizaban un método anticonceptivo. Hoy en día, después de revoluciones y trabajo hecho a conciencia, la cifra está en el 79%. Todo esto, por cuenta del desarrollo económico del país en el que Profamilia ha puesto su grano de arena.

Que podamos controlar los cuándo, cómo y cuántos de nuestra maternidad ha sido clave para lograr mujeres mejor preparadas y libres que le aportan a la sociedad y a la economía, ya sea desde su rol de madres o desde su rol de profesionales. Porque finalmente hoy sabemos que tenemos alternativas y que, a pesar del rezago, lo que hemos avanzado en cincuenta años nos permite ser optimistas.

[Artículo patrocinado por Profamilia, publicado originalmente en www.susanayelvira.com, el 7 de septiembre de 2015]

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    10 Respuestas

    1. Zenobia

      Escrito frívolo y sin fondo. Forma barata de plantear un tema sensible limitándolo a un flojo recuento histórico y cifras mal citadas.
      El derecho a elegir o no a la interrupción de un embarazo no es una decisión fácil ni a la ligera, no se toma por ganar unos pocos ingresos más en un empleo.
      Una mujer que llega a esa encrucijada, ha pasado por diferentes situaciones; (maltrato físico y psicológico, barreras de acceso, falta de educación, falta de apoyo por parte de la pareja, presiones familiares, temores, explotación, falta de recursos) se le debe respetar, acompañar y entender el por qué. Una niña víctima de una violación, una mujer que se entera que su hijo tiene una malformación, decidir entre interrumpir el embarazo o continuar un tratamiento contra el cáncer, a ustedes les parece que son decisiones por tener un mejor empleo? Para ustedes es cuestión de ahorrarse un dinero para luego gastarlo en alcohol y vibradores, como les gusta, pero la realidad es otra.
      ¿Qué tipo de malformación congénita cumple criterios para practicarse un aborto? ¿Debemos solo permitir que nazcan bebes perfectos y sanos? Adicional, dónde quedan los derechos reproductivos de las personas con discapacidad? ¿Acaso no tienen derecho a elegir ser o no madres? ¿Y si quedan embarazadas, quién decide que puedan o no interrumpir un embarazo?
      ¿Es para ustedes menos mujer la que no trabaja o no es profesional? Pareciera que sí. En un país con limitaciones de todo tipo, donde la violencia sexual golpea a las poblaciones más vulnerables; periodismo ramplón y light este, que no pasa de la calle 72. Se requiere educar en las zonas rurales, en los colegios, evitar la prostitución infantil y la explotación sexual. No es lo mismo la que tira sin riesgo de quedar embarazada en la comodidad de su casa, a la que maltratan, agreden, explotan y no tiene una mano que la ayude o le explique sus derechos para tener acceso a un procedimiento que preserve su integridad y seguridad. Por supuesto que hay casos que se requiere de la interrupción del embarazo, pero aumentando los abortos no se mejora la calidad de vida ni se solucionan los problemas estructurales que llevan a las mujeres a realizarlo.

    2. Mriadelmar

      Hola a todos les comparto un poco de mi experiencia en este tema, hoy en dia ya soy una adulta profesional vivo en el exterior y tengo mi conpanhero estable, cuando rstuve en mi adolecencia 15 anhos o 16 Como muchas tuve un embarazo no deseado me asuste llore y de todo finalmente le conte a mi Mama que a diferencia de lo que crei me Dio la una solucion y me practique un aborto, Como es un “trauma” dure muchos meses aburrida achantada triste y me sentia culpable porqie habia matado a mi hijo y todo el cuento Como a el anho era un recuerdo q poco a poco se discipo y lo llegue a ver Como algo normal que paso y ya. Hoy llevo casi un anno intentando quedar en embarazo y ha sido imposible apesar de Los tratamientos etc etc …. No se Como lo tomen Las personas que lo lean yo ahora no se si es un “castigo” de Dios o siemplemente Por la incompetencia de Las personas q me icieron en Colombia este procedimiento que claro esta era ilegal en esa epoca ahora yo sufro de esta frustracion . Saludos a todos

    3. Erikabut

      Me encanta que se traten esta clase de temas, esto ya no es un tabú como lo dice la campaña “tenemos derecho a elegir” y evitar decidiendo lo que queremos cuando y como.

    4. Salomé

      A empoderarnos entonces de nuestros derechos, y por supuesto deberes, como mujeres libres.

      Da mucha tristeza saber que aún hay tantas personas que consideran más víable y más “humano” dar vida a otro ser sin importar las condiciones en que vayan a desarrollarse, y a vivir.
      Si tan sólo leer la cifra de los niños que mueren cada año en la Guajira por desnutrición, ya duele, y esta es sólo de un lugar en Colombia, a demás de los que son explotados, y violentados de innumerables maneras hasta por sus propias familias.
      Entonces juzgamos, y señalamos indiscriminadamente a una mujer por decidir sobre su cuerpo y su futuro, sobre su vida, pero esa mujer está siendo más humana que muchas de nosotras; simplemente, tiene más valentía para afrontarlo.

      Estoy de acuerdo completamente con el derecho a decidir sobre mi sexualidad, mi cuerpo, y mi vida.

    5. Darla Bourdon

      El mensaje es claro: Mi cuerpo es mío,las decisiones que tome sobre el son mías y soy yo la que voy a acarrear con las consecuencias (buenas o malas) de estas. No de mi familia, ni del Procurador, ni del Fiscal, ni del estado. Tan simple como eso.

      Buen post, Susana y Elvira.

    6. JAGarcis

      Existe el derecho a la vida no el derecho a matar. Eso es el aborto, un asesinato. Es triste ver que mujeres apoyen este tipo de matanzas. Acaso no es un derecho fundamental la vida? Ustedes que hablan tanto de derechos deberian empezar por ese y no apoyar monstruos como madres que asesinan a sus hijos. Es una vergüenza y no tiene justificacion, ni siquiera en los tres casos permitidos. El unico que puede decidir si alguien vive o no es dios. Nosotros los mortales no tenemos ese poder. Para que reflexionen. Saludos.

    7. :)

      Sencillamente maravilloso e impecable como siempre. Me encanta este nuevo camino que han tomado, niñas. Esto si que las diferencia de todas esas que han tratado de copiar a susana y elvira, jiji (es que me he topado con varias copycats)

    8. Gabriela López

      Es un mensaje muy positivo y sin duda una gran labor que ha hecho esta institucion. Quiero felicitarlas de corazon porque creo que lo que hacen es muy importante y las mujeres en este pais necesitan de mas voces empoderadoras como ustedes para que logramos vencer tantas taras que existen en nuestra sociedad. Sigan escribiendo ojala lo hicieran mas seguido porque ustedes son probablemente las mujeres mas inteligentes que hay en colombia y aunque muchos las conocen, a muchas personas deberian saber que ustedes estan hablando por muchas de nosotras que quisieros decir lo que ustedes dicen pero lastimosamente no tenemos su talento o tal vez la valentia para hablar publicanente de estos temas. Muchas felicidades y felicitaciones. Las admiro.

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