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Igualdad: otra clave de la felicidad

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Un estudio académico aporta nueva evidencia para descartar que seamos el país más feliz del mundo.

Investigadores del University College en Londres encontraron que la desigualdad reduce la felicidad momentánea que alguien puede sentir por un logro.

Por ejemplo, la felicidad del “pilo” que se ganó la beca de su gobierno sería afectada por que su compañero, aunque también talentoso y aplicado, no pudo acceder a una universidad –ni pública ni privada– por lo que su sueño de ser ingeniero quedó en la caneca de la basura. El ascenso de la contadora a supervisora del área contable de la compañía para la que trabaja no generará el mismo impacto emocional en ella si su hermano desempleado no obtuvo el puesto público para el que aplicó y para el que estaba más que preparado. O la compra de un súper televisor inteligente con muchas pulgadas no será igual de satisfactoria si al llegar al edificio con el aparato nuevo, el portero está oyendo el partido en un radio pequeñito y con mala definición de sonido.

Esto les pasa, encontraron los investigadores, a las personas generosas. En ese sentido, quienes presentaron mayores índices de culpa por sus ventajas, resultaron ser más generosas que los que presentaban, por ejemplo, envidia por el logro del otro.

El título de la investigación es “La contingencia social del bienestar subjetivo momentáneo” (“The social contingency of momentary subjective well-being”) y fue publicada en la revista indexada Nature Communications, por investigadores de los departamentos de psicología y neurociencia de la universidad inglesa.

Los resultados también muestran que el estado emocional que una persona siente y manifiesta, está atado a la recompensa social, explican los autores. Así, la desigualdad en el contexto del ganador reduce la felicidad del momento.

Para ello, los investigadores crearon una ecuación que predice la felicidad incluyendo variables como la recompensa social recibida tras la victoria (la felicitación del hermano desempleado a la contadora del caso de arriba), la expectativa que genera el individuo alrededor del evento (qué tan esperado y qué tan duro trabajó ella para el ascenso), la culpa que siente el individuo estudiado, y la envidia del par (en este caso el hermano) y cómo este la manifestó.

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La investigación es relevante porque sirve como argumento para entender por qué los países con mayor equidad social y económica presentan también mayores índices de bienestar entre sus ciudadanos.

Así mismo, concluyen los autores, los resultados dan luces sobre el papel que el control sobre la circunstancias juega en el bienestar y felicidad percibidos por una persona. Volviendo al ejemplo, el que la hermana contadora no tenga control alguno sobre la consecución del puesto público para su hermano, va a aumentar su desazón ante su propio triunfo. La incertidumbre persistente en los países desiguales es un factor determinante, pues en estos lugares, al no importar los méritos a la hora de conseguir un trabajo –o por cuenta de los elevados índices de corrupción y burocracia–, no importa qué tanto haga el individuo para prepararse y competir por un empleo.

O en los países desiguales, donde prevalece una brecha de los salarios y éstos nos están atados al aporte que los trabajadores hacen a la sociedad, es poco probable que el portero de un edificio pueda comprar el televisor que compró el banquero del ejemplo de arriba.

Entonces, que aparezcamos en las listas de los países más felices del mundo significaría que somos los más mentirosos del mundo, o que no sabemos reconocer nuestras propias emociones. Porque los resultados del estudio son tan claros, como que somos uno de los países más desiguales, y que la desigualdad impacta todas las esferas de la vida privada y pública.

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    2 Respuestas

    1. Pingback : Perdonemos y montémonos juntos al avión – Lo Que Importa

    2. camila

      Hola 🙂
      yo creo que la desigualdad es un tanto necesaria, nos recuerda que si trabajamos o nos esforzamos podríamos ganar un reconocimiento por nuestro mérito. El problema está en que muchas veces eso no sucede pues la meritocracia no es característica de nuestro país 🙁
      yo entiendo que se busca la igualdad como herramienta para ser más felices pero eso podría funcionar en teoría de género. No creo, que en una sociedad donde todos realicemos determinado trabajo terminemos ganando lo mismo que el que hico las cosas mas mediocremente, con esto no quiero referirme a que el señor portero con su radio sea un mediocre. Sino a que, en el mundo actual existen diferentes trabajos y diferentes salarios. Es difícil pensar en una sociedad donde los seres humanos no busquen progresar (ganar más). Yo como universitaria no creo que este mal en que existan un par de diferencias pero que tambien exista una sana competencia para lograr ser mejor en lo que deseas.
      Para mi le desigualdad no nos hace menos felices, tiene que ver más con la insatisfacción del nepotismo.

      Me gustaría saber su opinion.
      Gracias!

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