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El hombre feminista

Maria Fernanda Moreno
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Está un paso adelante en la escala evolutiva. Y vive más feliz porque no tiene que apegarse a ideas arcaicas que le generan cargas e imposiciones.

En noviembre de 2015 el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, nombró un gabinete de ministros con igual número de hombres y mujeres. Cuando la prensa le preguntó sobre los motivos de su decisión, respondió con un inteligente y concreto “porque es 2015”. Meses después, en marzo de 2016, se anotó un gol mediático al decir que “todos los hombres deben ser feministas”, y que no dejaría de decirlo hasta el que el feminismo perdiera su novedad, es decir, que fuera asumido por todos y se convirtiera en la norma.

Su buena racha se afectó un poco por el rechazo que generó la queja de su esposa, Sophie Grégoire Trudeau, ante un medio franco-canadiense. Ella señaló que el tiempo no le alcanzaba para cumplir con las expectativas de su cargo, ni con sus labores humanitarias, pues con apenas un ayudante en la casa, debía dividirse entre atender a sus tres hijos y a su esposo y atender los requerimientos ya asignados. Y ahí desató la ira de uno que otro furioso. Miembros de la oposición la criticaron al decir que la muy privilegiada esposa del Primer Ministro estaba ignorando la realidad de la mayoría de las mujeres canadienses, que no cuentan con ayuda doméstica. Otros volvieron tendencia el hashtag irónico #PrayForSophie (rezo por Sophie).

Lo cierto es que Grégoire se animó a decir lo que muchas mujeres prefieren callar: que no pueden tenerlo todo, y que conciliar familia y trabajo es un reto en el que usualmente algo resulta sacrificado. De hecho, el feminismo moderno va en contra del mito de las mujeres super poderosas, esas que pueden hacerlo todo a la vez, porque ya está comprobado que es imposible. En ese sentido, ella simplemente estaba siendo coherente con su popular y feminista esposo.

Trudeau puede ser, fácilmente, el líder político más popular del mundo occidental. En su país, algunos lo condenan por no ser tan inteligente y carismático como su padre, Pierre Trudeau; otros, se obnubilan por su atractivo y por la efectividad de sus golpes mediáticos –que incluyen una foto en la que demuestra la fortaleza de su core–. Y en Colombia merece este artículo porque se atrevió a elevar al feminismo al terreno de la política masculina con el mensaje “para que la lucha feminista triunfe, los hombres deben unírsele”.

Los hombres se ganan con el feminismo porque éste busca la igualdad, persigue dejar atrás responsabilidades atadas a los géneros y formas binarias y dictatoriales de ver el mundo, según las cuales los hombres son fuertes y las mujeres débiles. El feminismo, en últimas, promueve la igualdad entre hombres y mujeres, y rechaza la opresión. Está llamado a hacernos felices a hombres y a mujeres.

Definición y victoria del hombre feminista
(Tomado de MORENO, Maria Fernanda y PELÁEZ, Marcela. 2014. Lo entendimos todo mal. Bogotá, Planeta, pp. 228-230)

Es lo opuesto al neandertal y en esta parte del mundo son tan escasos que cuando se encuentran hay que aferrarse a ellos como a tortuga carey. La diferencia es que no están en vía de extinción, al contrario, están en “vía de surgimiento”, porque antes eran escasos y ahora, cada vez más, salen de sus cascarones como pollos lampiños y desubicados que no saben cómo es la vuelta, solo sienten que está bien.

“Lo que significa (el feminismo) para mi es que tu no permites que el género defina quién eres -uno puede ser quien quiere ser, sin importar si eres hombre, mujer, niño, niña, o lo que sea. Como quieras definirte a ti mismo, puedes y debes ser capaz de hacerlo, y ninguna categoría realmente describe una persona porque cada persona es única”, Joseph Gordon-Levitt.

Un hombre puede ser feminista, como Joseph y otros tantos que han entendido que el feminismo es cool, que nos hace evolucionar como especies y que, ergo, nos aleja de los neandertales. Así que señoras y señores, por favor dejen de morir con cada macho que arma peleas en bares de vallenatos y entiendan que un hombre que defiende la igualdad entre géneros y encuentra la belleza de un atardecer es, posiblemente, un buen partido.

Nosotros conocemos a un par y damos fe de que están unos pasos más adelante en la escala evolutiva. No se sienten amenazados por el éxito de una mujer sino que lo ven como una oportunidad; entienden que el mundo no es azul y rosado, y que no hay roles entregados por un ser superior y dictatorial; les da lo mismo lavar un baño que cambiar la llanta de un carro, porque entienden que no hay destrezas atadas a los géneros; y, sobre todo, andan libremente por el mundo porque ya se quitaron la máscara pesada que se les había impuesto.

Los hombres feministas también saben que en el feminismo juega a su favor, porque:

1. El feminismo (en el que las etiquetas y roles marcados por géneros no existen) les permitirá liberarse de máscaras y bobadas. Deli no andar por el mundo como un pavo real, sino como un labrador feliz y torpe al que nadie le pide que triture huesos con su mandíbula.

2. Dado que las feministas no creen en estereotipos como “actúe como una mujer”, nunca, pero nunca, va a decirle a un hombre “sé un hombre y tumba ese enjambre de avispas con un palo de escoba, amorcito”.

3. Una mujer empoderada se convierte en coequipera. Y la vida es mejor en equipo.

4. Una feminista sabe que el hombre no siempre va a pagar la cuenta, pero a veces lo dejará hacerlo como un guiño cómplice, pues se entiende que las partes son solidarías y generosas.

5. Las feministas son grandes polvos porque saben que el sexo está sobrevalorado; que los hombres no viven con una erección perpetua, porque también les puede “doler la cabeza”; y aceptan su cuerpo como es, así que nunca pedirán que apaguen la luz. Además, aceptan sin pena ni reparo que les gusta el sexo tanto como a los hombres. Y como saben que el sexo no las hace unas perras, estarán dispuestas a ensayar posiciones, menjurjes y cuanta cosa se les pase por la cabeza, porque no hay apariencias que guardar.

6. Una mujer feminista no utilizará el arma del escote o el cruce de piernas de Sharon Stone para ganarle el puesto a ningún hombre.

7. Una feminista no asumirá que “salir con los amigos” es sinónimo de “fiesta con los amigos donde las putas”, ni rasca infernal, ni –necesariamente– fútbol cervecero. Con ellas no hay suposiciones marcadas por los géneros.

8. Una feminista vive un mundo sin etiquetas y prejuicios, donde los gay no valen menos por ser gay, donde las mujeres no son más por ser mujeres, y donde los hombres son iguales, ni más ni menos, sino iguales.

9. Una feminista sabe que el amor no es lo mismo que drama, así que no montará escenas de celos porque sí, ni esperará que una relación sea una realización de cualquier telenovela que vio de chiquita.

10. Una feminista sabe lo que quiere, así que con ella un hombre siempre tendrá claro si busca amor o solo sexo. Nada de mensajes tibios cruzados con malos entendidos e incomprensiones. Y ella sabe que si el hombre no le va a dar lo que espera, puede retirarse con un “que gracias, pero no”. Y ya.

11. Una feminista no se tragó el cuento de que a todas las mujeres nos gusta comprar. Y entiende que no hay nada más tedioso que ir a probarse jeans, por lo que regularmente no esperará que su macho vaya con ella. Aunque casos se han visto.

12. Un hombre feminista es el que vive su vida desprevenidamente, con la plena convicción de que no tiene que defender su hombría, y la satisfacción de vivir en un mundo que pronto superará jerarquías endebles, marcadas por el sexo que le fue dado al nacer.

Tenemos que seguir hablando de feminismo porque todavía hay lugares del mundo en el que los hombres siguen siendo considerados los proveedores únicos; en el que tienen que aparentar fortaleza mental y física una vez salen a la calle; en el que hay discriminación por razones de orientación sexual. Y en el que hay comerciales de televisión en el que las mujeres bailan y cantan mientras trapean.

Foto: Alex Guibord https://www.flickr.com/photos/alexguibord/14578663236/, CC BY 2.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=44360634

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