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Aborto: ¿qué falta?

Maria Fernanda Moreno
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A diez años de la despenalización en los tres casos, hacemos un balance del camino aún por recorrer en la búsqueda de derechos sexuales y reproductivos plenos para las mujeres.

La buena noticia es que hoy se cumplen diez años de la despenalización del aborto en las tres circunstancias. El aniversario recuerda, entonces, un momento clave en la historia de los derechos de las mujeres en Colombia.

Hoy a una mujer le debe bastar su voluntad a la hora de interrumpir un embarazo cuando 1) el feto presenta malformaciones que hagan inviable su vida por fuera del útero; 2) cuando el embarazo sea fruto de una violación; o 3) cuando su salud esté en riesgo. Todo, sin autorizaciones de familiares, sin censuras por parte de los prestadores del servicio médico, sin más requisitos que un documento que varía en cada una de las tres situaciones; y sin dilaciones que hagan en trámite aún más difícil.

La mala noticia es que parece que muchas de estas victorias se han quedado en el papel, pues aún persisten barreras que impiden el acceso a un aborto seguro. Una de ellas, quizás la más importante, es el desconocimiento. Por ejemplo, explica Monica Roa de Women’s Link Worldwide, no todos saben que la causal salud no solo cubre la salud física de la mujer, sino también su salud psicológica y social; y que a ella debería bastarle la certificación de un médico general o un psicólogo para acceder a la interrupción de su embarazo.

Lo mismo sucede con la utilización de la objeción de conciencia. En 2009 la Corte dictaminó que si en una localidad solo existe un médico o enfermera en condiciones de realizar el procedimiento, no puede objetar conciencia. Y que además, la objeción de conciencia es individual, y que en una misma institución de salud no todos los profesionales pueden utilizarla a la vez, pues debe haber al menos uno disponible para llevar a cabo el procedimiento de manera inmediata.

A pesar de ello las noticias sobre mujeres embarazadas paseándose de un hospital a otro y que terminan poniendo tutelas para que les reconozcan el derecho a interrumpir su embarazo, son más frecuentes de lo que se podría esperar en un Estado laico como Colombia.

Igual de incoherente que la recomendación en enero pasado del gobierno colombiano “a todas aquellas parejas habitantes del territorio nacional a no embarazarse” mientras durara la epidemia del zika. Quien estuvo detrás de los pronunciamientos oficiales no tuvo en cuenta la tasa de embarazos no deseados, y no previó que el virus y los casos de microcefalia fueron más frecuentes en zonas donde el desconocimiento y las dificultades y trabas de los prestadores del servicio de salud a la hora de llevar a cabo un aborto son más frecuentes.

Así, una barrera importante es la que imponen ciertos problemas estructurales que no están directamente relacionados con asuntos de salud sexual y reproductiva de las mujeres, como las desigualdes. “A lo que hay que prestarle atención es si los servicios están realmente disponibles para todas, sin barreras de clase, o de género, pues en muchas sociedades todavía hay un sesgo de género que no quiere reconocer la autonomía de las mujeres”, le dijo a loqueimporta.co Rebecca Cook, profesora emérita y codirectora del Programa de Derecho Internacional Reproductivo y Salud Sexual de la Universidad de Toronto.

Otra barrera de acceso que no se ha podido combatir en estos diez años es el estigma. En Colombia persisten estereotipos y prejuicios que catalogan a las mujeres que abortan como sexualmente desordenadas, irresponsables, promiscuas o moralmente reprochables. Como explica Beatriz Quintero, vocera de la Mesa por la Vida y la Salud de las Mujeres, “los prejuicios son reforzados con señalamientos como que el aborto es un delito, es un pecado, las mujeres que abortan sufren traumas psicológicos irreparables, son irresponsables; el aborto produce infertilidad y todos los procedimientos son riesgosos para la salud de la mujer”.

Pero, precísamente, si hoy se defiende el aborto legal, es porque sacarlo de la clandestinidad podría salvar vidas.

Un estudio reciente que da cuenta de los efectos negativos de tener al aborto en la ilegalidad fue realizado por el Instituto Guttmacher de Nueva York en 2008 y señaló que en ese año se realizaron en Colombia unos 400.400 abortos clandestinos. Los investigadores estimaron que el 33% del total de mujeres que tuvieron abortos clandestinos sufrieron complicaciones que requirieron atención médica. Pero estas son cifras de hace ocho años, y tal vez no reflejen los resultados positivos de la despenalización en los tres casos.

Desde 2006, la Fundación Oriéntame y Profamilia han realizado más de 52.000 abortos, 33,2% de ellos a mujeres entre los 20 y los 24 años. Sin embargo, hace falta un esfuerzo que consolide las cifras de todas las Instituciones Prestadoras de Servicios y que trate de mostrar a ciencia cierta los efectos de la despenalización en la calidad de vida de las mujeres en edad reproductiva.

Aún falta reducir la mortalidad materna, y mejorar el acceso a la adopción y a la reproducción asistida. Además blindar ante esfuerzos oscurantistas la enseñanza de una educación sexual de calidad y sin mojigaterías. A ver si se saca del chip retardatario que la educación sexual genera promiscuidad en los jóvenes. “Si las mujeres no tienen acceso a la educación sexual, están desempoderadas para entender esa parte de sus vidas, y para entender cómo pueden aproximarse a ésta de una forma segura y positiva”, concluye Cook. De esta forma se lograría disminuir al menos un poco del problema del embarazo adolescente en Colombia, que es tan alto. Y con educación sexual de calidad, seguro hasta se reducen la cantidad de abortos.

Ojalá en diez años estemos dando solo una buena noticia.

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